LESIÓN DE MENISCO

El desgarro meniscal es un diagnóstico habitual que registra una prevalencia de 56%, cursando en el 60% de manera asintomática. En caso de presentar síntomas encontraremos dolor, rigidez, edema, bloqueos y chasquidos audibles.

¿Qué son los meniscos?

Los meniscos lateral y medial son estructuras fibrocartilaginosas en forma de media luna que en conjunto cubren aproximadamente el 70% de la superficie articular de la meseta tibial. Debido a su superficie cóncava con forma de cuña, permite acomodar el cóndilo femoral convexo encima de la meseta tibial aumentando la superficie de contacto y así la congruencia articular y estabilidad. 



Funciones de los meniscos

Las principales funciones son de transmisión y soporte de carga, guiar la rotación,  estabilizar la traslación de la tibia y limitar la flexión y extensión de la articulación de la rodilla en ángulos extremos 

 

El menisco medial se ha descrito como «en forma de C» y el menisco lateral como «en forma de U». Ambos meniscos tienen dos segmentos: anterior y posterior, denominados «cuernos«, y una parte central de su curva, denominada «cuerpo«. Cada cuerno está firmemente unido a la meseta tibial. 

En general los meniscos reciben poca sangre. Los 2/3 internos de los meniscos son avasculares y se denominan «zona blanca«, probablemente recibiendo nutrición a través de la difusión del líquido sinovial (líquido articular). 1/3 periférico de los meniscos, denominado «zona roja«, está bien vascularizado e irrigado a través de ramas arteriales. 

Los 2/3 periféricos de los meniscos contienen terminaciones nerviosas de dolor, y mecanorreceptores en los cuernos anterior y posterior de los meniscos, lo que sugiere una posible función propioceptiva (sensitiva). 

El menisco interno es menos móvil que el menisco externo debido a sus conexiones con la cápsula articular, ligamento colateral medial y ligamento cruzado anterior

Mecanismo lesional

Habitualmente, las lesiones meniscales se producen debido a fuerzas de rotación  o de cizallamiento aplicadas en la rodilla, especialmente cuando se aplica una alta carga axial (compresiva). Dichos casos incluyen posiciones con altos grados de flexión en cadena cinética cerrada (arrodillarse, ponerse en cuclillas), levantar/transportar pesos pesados y actividades que requieren aceleración/desaceleración rápida, cambio de dirección y saltos. Un impacto traumático en la rodilla también puede provocar lesiones meniscales aisladas o desgarros que se producen junto con lesiones óseas o daños en los ligamentos de la rodilla, como el ligamento cruzado anterior (LCA) y el ligamento colateral medial. Se requiere relativamente menos fuerza para crear desgarros en aquellos meniscos con cambios degenerativos, típicamente vistos en adultos mayores de 40 años, a menudo con artrosis.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo de lesiones meniscales degenerativas incluyen la edad mayor de 60 años, el género masculino y el arrodillarse, ponerse en cuclillas o subir escaleras durante la jornada laboral. 

La mayoría de los desgarros traumáticos ocurren durante eventos deportivos. Los deportes de frenada  y giro que requieren flexión de la rodilla a altos niveles de actividad generan el mayor riesgo de lesión meniscal.

Los desgarros meniscales mediales son más comunes que los desgarros meniscales laterales, posiblemente debido a la relativa disminución de la movilidad.

Síntomas

Los desgarros del menisco pueden causar una variedad de síntomas. Los más frecuente son: dolor localizado en la interlínea articular anteromedial o anterolateral, hinchazón, chasquidos, enganches, bloqueos y sensación que la rodilla “cede”. Se observan con más frecuencia en hombres que en mujeres (hasta el 80 %). Puede haber dolor nocturno si la cara medial dolorosa de la rodilla choca con la otra rodilla. No es raro ver lesiones meniscales junto con daño a estructuras como el ligamento cruzado anterior (LCA), el ligamento cruzado posterior u otras lesiones óseas.



Puede haber limitación de la movilidad en flexión o extensión, y  el dolor será predominantemente en carga. Si tienes dudas, contactame, en fisioterapia existen distintas pruebas ortopédicas de provocación que se pueden realizar para considerar una lesión meniscal. 

Diagnóstico

Para diagnosticar una lesión meniscal, debe haber una correlación entre los síntomas y signos clínicos, la exploración del profesional y las pruebas de imagen. La resonancia magnética sigue siendo la modalidad de imagen de elección, con una sensibilidad y una especificidad para el diagnóstico de roturas de menisco de hasta el 93 % y el 88 %, respectivamente

Tratamiento

Siempre que sea posible debe optarse por un tratamiento conservador inicial. 

Suele estar indicado en pacientes que no tienen un rango de movimiento severamente restringido, bloqueo o inestabilidad de la rodilla afectada. Teniendo en cuenta las pruebas de imagen se aconseja un manejo conservador en desgarros localizados en las zonas de alta vascularización del menisco, a saber, zona roja/roja o periférica 30% del menisco medial y 25% del menisco lateral. Se observa mayor éxito si dichos desgarros miden <5 mm. 

Inicialmente deben tratarse con reposo, hielo, compresión y elevación de la rodilla lesionada. La descarga también puede ser una buena opción para reducir el dolor, aunque se debería progresar a soportar todo el peso del cuerpo cuando se tolera. La fisioterapia está indicada para la resolución gradual de los síntomas durante al menos 6 semanas. El programa terapéutico se centrará desde el principio en controlar la inflamación mientras se mantiene el rango de movimiento de la rodilla. Posteriormente, se debe incorporar una rutina de fortalecimiento de los principales músculos que protegen la rodilla, y progresar hacia un entrenamiento propioceptivo dinámico. El acondicionamiento físico se puede mantener con el uso de una bicicleta estática, caminar. Más adelante en fases finales progresar a ejercicios específicos del deporte.

Tratamiento quirúrgico

El tratamiento quirúrgico de los desgarros de menisco se recomienda a pacientes con síntomas mecánicos, como bloqueo, limitación de movilidad o cuando hay un dolor insoportable tras agotar el tratamiento conservador. 

El tratamiento más utilizado es la meniscectomía parcial mediante artroscopia (se extrae una parte del menisco). 

Los estudios de control aleatorizados han demostrado que la meniscectomía parcial junto con fisioterapia postquirúrgica dan como resultado una mejora funcional significativa y una disminución del dolor en comparación con el valor inicial. 



Aún así, actualmente se está apostando por la reparación meniscal ya que existen riesgos asociados a la menisectomía. El menisco tiene una importante función de soporte de peso y su ausencia interfiere con la biomecánica de la rodilla, conllevando a cambios degenerativos tempranos. Diversos estudios han indicado mejores resultados de dolor, actividad diaria y deportiva, menor grado de artrosis, menor % de complicaciones y menos gasto económico en los grupos de reparación meniscal

Los factores que aumentan la probabilidad de una reparación meniscal exitosa incluyen ser menor de 40 años, desgarros de la zona roja del menisco, desgarros longitudinales verticales, desgarros agudos, sin desalineación mecánica y desgarros de más de 1 cm pero menos de 4 cm. Aún así se tiene que tener en cuenta que no todos los desgarros son reparables.

La rehabilitación después de la reparación de menisco es necesaria y generalmente incluye restricciones del rango de flexión de la rodilla y de la carga de peso durante las primeras 6 semanas después de la operación según la ubicación del desgarro y el tipo de reparación.

Aunque los resultados a corto plazo son prometedores, a largo plazo no han sido tan buenos y las tasas de fracaso alcanzan de entre el 23- 30%

Otras opciones de tratamiento incluyen el aloinjerto de menisco. Aunque se trata de un procedimiento complejo, la supervivencia a los 10 años de seguimiento se situó en un prometedor 89,2%. También se han aprobado recientemente procedimientos menos complejos y mínimamente invasivos, como los andamios meniscales. Los andamios están diseñados para permitir el crecimiento de tejido en el andamio para imitar el reemplazo fisiológico. Otra opción prometedora es un sustituto meniscal parcial, que está diseñado para restablecer la distribución de la carga en la articulación de la rodilla, proporcionando así una propiedad de protección articular. Es necesaria más evidencia para considerar el beneficio de estas nuevas técnicas. 

Bibliografía

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