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El dolor cervical es la cuarta causa de discapacidad en todo el mundo. Si es agudo se resuelve normalmente en 2 meses, pero una proporción significativa de pacientes continúan teniendo molestias al año.
El dolor cervical se define como el dolor percibido entre la línea nucal superior y la primera vértebra torácica. En algunos casos, el dolor puede estar referido a la cabeza, el tronco y hombro y las extremidades superiores.
La prevalencia general del dolor de cuello tiende a ser mayor en mujeres que en hombres en todos los grupos de edad, siendo más prevalente entre los 45 y los 54 años.
También es más habitual el dolor de cuello en las zonas urbanas en comparación con las zonas rurales. Se ha encontrado que la prevalencia del dolor de cuello es más alta en la población activa, en aquellos empleados con trabajos sedentarios de oficina.
El dolor de cuello puede provocar limitaciones en la actividad, incluida la reducción del rango de movimiento del cuello, intolerancia a sentarse de forma prolongada, trastornos del sueño, reducción de la calidad de vida y está asociado con el ausentismo laboral.
De entre los factores de riesgo más frecuentes encontramos:
Factores físicos | Factores psico-sociales |
Dormir mal | Catastrofismo |
Sedentarismo | Ansiedad |
Tiempo de uso del ordenador en mala posición | Alto estrés económico percibido con bajos ingresos |
Antecedente de traumatismo cervical por accidente de tráfico | Tamaño de la familia |
Déficit de fuerza en la musculatura estabilizadora cervical |
Varios investigadores han asumido que los cambios en el control motor y debilidad en los músculos cervicales profundos estabilizadores contribuyen al origen o persistencia del dolor de cuello
Los autores concluyen que la mayoría de los factores analizados se consideran modificables, pudiendo contribuir a una resolución de la patología.
El mecanismo del dolor se clasifica en:
Entre las causas más frecuentes tenemos: la espondilosis cervical, dolor en facetas articulares, la radiculopatía cervical, mielopatía, los trastornos asociados al latigazo cervical y la fibromialgia.
Es necesario que el especialista fisioterapeuta te realice las pruebas correspondientes para determinar el/los origen/es de tu dolor.
Espondilosis
La espondilosis cervical es un término genérico para un conjunto de anomalías, todas las cuales implican cambios degenerativos progresivos que afectan a todos los componentes de la columna cervical. En general, el dolor cervical u occipital se conoce como la primera manifestación clínica de la espondilosis cervical degenerativa. Varios factores pueden conducir a la espondilosis cervical, como un estrechamiento congénito del canal espinal cervical, artrosis cervical, artritis, traumatismo y desgaste de los discos intervertebrales.
Radiculopatía
La radiculopatía cervical resulta de la compresión o irritación de las raíces nerviosas en la columna cervical. La compresión de la raíz nerviosa puede ocurrir debido a espondilosis, hernia discal, inestabilidad, traumatismo o, en raras ocasiones, tumores. Las manifestaciones clínicas de la radiculopatía son amplias, pero el dolor de cuello, hombro, brazo o mano son las principales complicaciones en pacientes con radiculopatía cervical teniendo en cuenta que los nervios cervicales irradian por el brazo. Otras manifestaciones clínicas son: parestesias (hormigueo), debilidad muscular en el brazo, el hombro o la mano, y pérdida o alteración de la sensibilidad.
Latigazo cervical
Los trastornos asociados al latigazo cervical se desencadenan por movimientos repentinos de aceleración y desaceleración que se generan por una fuerza repentina que estira los músculos y ligamentos de la cervical pudiendo afectar a diversas estructuras. Los síntomas incluyen dolor de cuello, dolor de cabeza inespecífico, mareos y dolor en la articulación temporomandibular. La prevalencia de los latigazos cervicales varía en todo el mundo, pero hasta el 50 % de los pacientes desarrollan dolor crónico.
Los tratamientos incluyen intervenciones conservadoras (es decir, fisioterapia: educación, ejercicio, terapia manual, agentes físicos o enfoque multimodal), tratamientos psicológicos (p. ej., tratamiento cognitivo conductual) con la adición de intervenciones farmacológicas según sea necesario (p. ej., AINEs), o en última instancia en casos graves intervención quirúrgica. Independientemente del enfoque utilizado, todas las guías recomiendan asesoramiento o educación sanitaria.
Tratamiento conservador
Como abordaje inicial siempre debe optarse por el tratamiento conservador.
Educación
La educación se define como un proceso que permite a las personas tomar decisiones informadas sobre su comportamiento relacionado con la salud. Según una revisión Cochrane, la educación del paciente (o la provisión de información) se considera una parte esencial de la comunicación entre el fisioterapeuta y el paciente. Las intervenciones educativas del paciente que se recomiendan en las guías son: proporcionar información sobre el dolor y el pronóstico, aconsejando mantenerse activo; y educar sobre el autocuidado, los ejercicios y las habilidades de afrontamiento (del estrés).
Fisioterapia
La fisioterapia es esencial para el buen manejo del dolor cervical. De entre todas las modalidades, la de mayor evidencia científica es el ejercicio terapéutico: fortalecimiento, resistencia, estabilización y control motor y con menos evidencia, estiramiento. También movilización/manipulación, punción seca y masaje terapéutico, pero siempre deberían ser combinadas con educación sanitaria y ejercicios. Sobre las terapias pasivas, como la electroterapia (estimulación muscular eléctrica y estimulación nerviosa eléctrica transcutánea) hay poca evidencia de su eficacia cuando se compara con las intervenciones con placebo.
Tratamiento farmacológico
Los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) deben considerarse como tratamiento farmacológico de primera línea. Existe evidencia de calidad moderada de que los AINEs son efectivos para reducir la intensidad del dolor en comparación con placebo para pacientes con dolor de cuello a corto plazo. Los AINEs son mejores que el placebo, igual de efectivos que los relajantes musculares o la punción seca, pero menos beneficiosos que la movilización/manipulación espinal y los ejercicios.
También hay pruebas moderadas de que la administración intramuscular de lidocaína puede ser beneficiosa para la cervicalgia crónica. Por otro lado, existe evidencia de alta calidad de que la toxina botulínica tipo A tiene efectos similares para reducir la intensidad del dolor en comparación con el placebo para el dolor de cuello crónico a corto plazo.
Los corticoesteroides, se pueden utilizar en casos de radiculopatía aguda. Un tratamiento breve con corticoesteroides orales o una infiltración epidural de corticoesteroides pueden aliviar el dolor reduciendo la inflamación y la hinchazón alrededor del nervio.
Terapias psicológicas
Con respecto a las intervenciones psicológicas, existe evidencia de calidad limitada de que las terapias psicológicas (por ejemplo, el tratamiento cognitivo conductual) son efectivas para reducir la ansiedad y el estrés, y por tanto la intensidad del dolor en comparación con otras intervenciones en el dolor de cuello subagudo.
Tratamiento invasivo: Intervención quirúrgica
Cuando el dolor cervical se asocia con déficits neurológicos progresivos o compresión de la médula espinal, se puede considerar una intervención quirúrgica. Hay varias opciones quirúrgicas disponibles para el tratamiento incluidas corporectomía y fusión, discectomía y fusión cervical anterior, laminoplastia y laminectomía y fusión. El médico neurocirujano en este caso, te aconsejará cuál es la mejor opción en tu caso.