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El dolor lumbar es la principal causa de discapacidad a nivel mundial, y la principal causa musculoesquelética de consulta médica.
El dolor lumbar es uno de los trastornos musculoesqueléticos más comunes, con una tasa de prevalencia del 80%. Es la principal causa de discapacidad y la más común de todas las enfermedades no transmisibles.
Hay distintas entidades clínicas que podrían generar una lumbalgia, dependiendo del tejido involucrado, aunque en muchas ocasiones puede ser la sumatoria de varias.
Cada entidad presenta unos determinados síntomas, una evolución determinada y un tratamiento más específico. Tu fisioterapeuta deberá hacer una buena exploración inicial para detectar el tejido involucrado.
La lumbalgia aguda se soluciona en 2-4 semanas en el 90% de los casos. El 60-80% de los pacientes que han sufrido su primer episodio de lumbalgia aguda recidivan al cabo de un promedio de 12 meses.
El dolor lumbar crónico se describe como un dolor que dura 12 semanas o más, localizado por debajo del margen costal y por encima de los pliegues glúteos inferiores, con o sin dolor en las piernas.
El dolor lumbar crónico se asocia con cambios histomorfológicos y estructurales en los músculos multífidos que son los responsables de estabilizar la columna. Estos músculos de la espalda en los pacientes con dolor crónico son más pequeños, contienen grasa y muestran un grado de cambios atróficos en fibras musculares seleccionadas. Por lo tanto, los músculos son débiles y tienen una fatigabilidad excesiva. Esto contribuye a un círculo vicioso de dolor lumbar persistente y síndrome de desacondicionamiento físico.
Los recientes estudios indican que los pacientes con lumbalgia crónica presentan cambios en la fuerza y resistencia de la musculatura lumbar y también cambios en la capacidad propioceptiva del raquis.
Los resultados de una prueba de imagen no siempre tienen importancia, sólo en los casos que se pueden relacionar con la clínica. En esta línea, los recientes estudios indican que se ha visto casos de espondilosis, espondilolistesis, protrusión y herniación discal, alteraciones en articulaciones facetarias, deshidratación discal, escoliosis (>10º) o enfermedades reumáticas en sujetos sanos que no presentan dolor lumbar.
Resonancia magnética (RNM): La resonancia magnética es la prueba por excelencia donde se ven las articulaciones, huesos, tejidos blandos (ligamentos y músculos), la médula espinal y raíces nerviosas.
Electromiografía (EMG): Se utiliza en caso de sospecha de lesión nerviosa. La electromiografía se usa para determinar la conductividad de un nervio en caso de radiculopatía (raíz) o lesión nerviosa (nervio periférico). Si padeces dolor por la pierna y te está alterando la fuerza o sensibilidad de la pierna estaría indicado realizar esta prueba para ver el grado de afectación.
De entre todas las terapias se ha demostrado colectivamente que el ejercicio físico es efectivo para reducir el dolor en comparación con los tratamientos que no se basan en el entrenamiento físico en adultos.
De entre todos los tipos de ejercicio los que han demostrado mayor evidencia son los ejercicios de estabilización lumbopélvica y de la musculatura del Core (musculatura estabilizadora del centro).
Estos ejercicios están dirigidos principalmente a mejorar el control neuromuscular, la fuerza y la resistencia de los músculos estabilizadores profundos, que se consideran fundamentales para el mantenimiento de la estabilidad dinámica de la columna y el tronco. Se consideran ejercicios seguros con las ventajas de poder progresar, así como una alta rentabilidad.
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